Del resto de grupos haremos un pequeño resumen para centrarnos posteriormente en los de Oxford. En cuanto a la banda neoyorquina Liars, los primeros en tocar en el escenario principal, he de decir que no me destacó en demasía su actuación, donde si no llega a ser por el excentricismo de Angus Andrews, me habría pasado muy desapercibida. Aaron Hemphill demostró gran variedad de registros instrumentales y destacó sonoramente frente al resto, entre otras cosas porque era al que más se le oía. Un concierto correcto pero sin grandes sobresaltos.
La gran sorpresa para mi llegó de la mano de los franceses M83 y su shoegazing, caracterizado por tocar mirando al suelo (a veces si que lo hacían) y por el uso de guitarras ruidosas y melódicas llenas de efectos, creando ambientes propicios para salir de allí levitando. Y sí, me sorprendió mucho esta banda, llena de fuerza y agarre, acompañándoles la actriz y cantante Morgan Kibby cuya ensoñadora voz realmente le dio el broche final a una actuación llena de carisma y brillo.
Lástima que la organización nos sorprendiese con una cagada sonora. A mitad de concierto dejamos de oír, lo que creó una situación curiosa. La banda francesa podía escucharse a través de sus monitores y seguían con la actuación ajenos a todo lo que estaba pasando, inmersos en un orgasmo musical que saltó las barreras sonoras y provocó que el publico empezásemos a bailar como si realmente estuviésemos escuchando algo de lo que tocaban. Cuando pudieron salir de su éxtasis y abrir los ojos, les avisaron del problema y tuvieron que dar por terminado el concierto. Se ganaron nuestro cariño, pero la organización no.
Bueno, pues llegó el momento de ver a la banda de Oxford. El concierto comenzó con una canción de su último disco In Rainbows, 15 Step. Aquí, nada más empezar, me quedé fascinada con el escenario que tenían montado, las luces, cámaras, proyecciones del grupo en directo (las cuales en algunos momentos agradecí porque el público tenía una media de altura que superaba con creces la mía y la de muchos asistentes).
El sonido era impecable, parecía como si estuviésemos escuchando directamente el disco. Las guitarras, los efectos, el piano, la batería, todo sonaba tan pulcro que nos enseñaba la calidad musical de un grupo que lleva años demostrando todo lo que son capaces de hacer. La voz de Thom Yorke mejor imposible, con esos cambios de tono, el triste desgarro y las melodías perturbadoras que hace tan característico el sonido de esta banda. Podemos decir lo mismo de las segundas voces de O´Brien, junto con todas las virguerías musicales que se marca este grupo el cual ha conseguido un sonido con sello propio.
Calidad sonora (aquí tenemos que enviar también un guiño a la organización) y una actuación envolvente para un grupo que lleva trabajando desde 1985, siendo su primer disco de 1992, del cual no tocaron ninguna canción (quizá por la distancia temporal y musical respecto a aquellos tiempos pasados). Nos sorprendieron con canciones como Pyramid Song o Knives Out de su disco Amnesiac ó 2+2=5, Sit Down Stand Up, There There, entre otras canciones, del Hail to the Thief. Un concierto de casi dos horas y media que nos dejó, como poco, exhaustos y extasiados.
He de decir que es un grupo que personalmente nunca me ha defraudado. Me han demostrado ser como el buen vino, que con los años mejora y puede convertir una comida corriente en un autentico banquete: eso mismo hizo Radiohead convirtiendo su concierto en un auténtico banquete de buena música.
Entre grandes canciones de su último disco como All I Need y Reckoner, y otras míticas del pasado como Idiotheque y Everything in its Right Place (ambas del Kid A) podemos decir sin miedo a equivocarnos que esta banda ya perdura en la memoria histórica de muchos y que, esperemos, siga dando caña por mucho tiempo más y estemos ahí para verlo.
Me quito el sombrero.
Texto: Patricia Cabrera